De modo que logró que ese atardecer se convirtiera en algo tan entrañable y oscuro para mí como oscura es la tumba en la que yace hoy mi amigo. También para mí han llegado los días del recuerdo.
Antes de aceptar la traición y el fin voluntario, prefiero tu muerte sin culpas. Cruzabas la calle de esa farmacia, sin precauciones como siempre y un conductor distraído acabó con tu cuerpo, que no era mucho. Nadie tomó foto a tu cadáver. Yo lo supe por mi madre y tuve una crisis de angustia que me impidió ir a tu funeral. Desconozco los detalles grotescos, si fuiste sepultada o cremada, no lo sé, pero ya estás muerta, muertita, difunta, murida, quizá con una lápida y pastito verde pero no el de parménides, más bien uno que no existe. Como para Michi y para Enrique (al que hubiéramos visto, si siguieras viva) los días del recuerdo han llegado y en ellos viviré, recordando que éramos tan felices.
2 comentarios:
Te tendré que dar whiskey ó crack, como hacía la esposa de Fitzgerald para evitar que su marido escribiera tan bien como lo haces tú. Mi máxima envidia y admiración. Te amo.
Buen comment, innegable tu aprecio por los de la literatura de la onda después de leer el título de tu blog.
Un saludo, date una vuelta más seguido.
Publicar un comentario