miércoles, 9 de julio de 2008

Ricardo Castillo

Hoy podría decir que me duele el corazón de tristeza.
Pero sería falso
y prefiero no involucrar al corazón en falsedades.
La verdad es que sí estoy triste.
Marchito como un nomeolvides
guardado entre las páginas de un libro de edición del 54.
La verdad es que tengo un dolor de aguja en cada pupila,
que la tristeza no me duele en el corazón
sino en los testículos.
No me apena confesar que es allí donde radica mi alma.

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